Lo urgente no es lo importante
Hay semanas en las que todo es para ayer. Cada mensaje parece una emergencia y cada llamada, una prioridad. Hasta que llega el viernes y la tarea que de verdad movía el negocio sigue esperando.
¿Todo lo urgente es importante?
Urgente es lo que reclama atención ya. Importante es lo que nos acerca a lo que queremos lograr. Parecen sinónimos, pero no lo son, y confundirlos es una de las maneras más comunes de perder el control del día.
La matriz de Eisenhower, una herramienta clásica de la administración del tiempo, ayuda a separarlos. Cruza esos dos criterios y deja cuatro cuadrantes:
1 · Hacer ahora
Importante y urgente
Tareas que requieren tu atención inmediata.
- Crisis y problemas urgentes
- Fechas límite impostergables
- Reuniones importantes
- Tareas con consecuencias graves
2 · Planificar
Importante, no urgente
Programalas para prevenir que se vuelvan urgentes.
- Planificación estratégica
- Desarrollo personal y profesional
- Ejercicio y salud
- Relaciones y networking
3 · Delegar
Urgente, no importante
Si es posible, delegalas para liberar tu tiempo.
- Interrupciones y llamadas
- Correos y mensajes no importantes
- Reuniones que no aportan valor
- Tareas administrativas rutinarias
4 · Eliminar
Ni urgente ni importante
Eliminalas o reducilas al mínimo.
- Redes sociales sin propósito
- Navegar sin objetivo
- Televisión en exceso
- Actividades que no suman valor
La clave del éxito: enfocate en el cuadrante 2. Al invertir tiempo en lo importante pero no urgente, prevenís crisis y avanzás hacia tus objetivos a largo plazo.
Es el cuadrante más fácil de postergar justamente porque nadie te lo exige hoy: planificar, capacitarse, cuidar la salud, cultivar relaciones. Y lo que no se programa, tarde o temprano se vuelve urgente.
Otra forma de mirar las prioridades es clasificarlas en A, B y C:
- A, valor alto: es absoluto, lo que tengo que hacer.
- B, valor importante: es bueno, lo que debería hacer.
- C, valor bajo: cuando pueda, lo que me gustaría hacer.
Y no todas las horas rinden igual. El nivel de energía tiene su punto máximo a media mañana, ideal para las tareas A; un punto medio a media tarde, para las B; y un mínimo después del almuerzo, que va bien para las tareas C.
Una referencia para evaluar cómo repartís la semana es esta distribución ideal del tiempo:
- 60% planificación y desarrollo.
- 25% proyectos en curso.
- 15% tareas rutinarias.
Si tu registro dice otra cosa, ya sabés por dónde empezar. Y para cuidar ese reparto conviene identificar a los ladrones del tiempo. Algunos de los más comunes:
- Mala planificación
- Reuniones ineficaces
- No escuchar
- Metas poco claras
- Falta de autodisciplina
- Cálculos de tiempo poco realistas
- Mala comunicación
- Indecisión
- Papeleo
- Postergación de tareas pendientes
- Prioridades conflictivas
- Lugar de trabajo desordenado
- Falta de delegación
- Correo sin valor
Las interrupciones merecen un párrafo aparte. Son eventos inesperados que rompen el ritmo de otro evento, y pueden ser necesarias y oportunas, necesarias pero inoportunas, o innecesarias y, por lo tanto, inoportunas. Tienen un costo escondido: recuperarse de una interrupción puede llevar más tiempo que la interrupción misma.
Con la postergación pasa algo parecido. Aparece naturalmente frente a actividades que no son placenteras, que son complejas, largas o poco interesantes, sin importar su prioridad. Por eso vale preguntarse qué tareas pospongo y por qué.
Para sostener todo esto, la herramienta más simple sigue siendo la agenda, con tres reglas:
- Traerla siempre con uno.
- Utilizar un solo sistema.
- Eliminar las notas sueltas.
Y las listas de chequeo, siempre visibles: lo importante no debería quedar almacenado en la memoria.
Dos leyes naturales para cerrar: tendemos a ir hacia la zona de comodidad, y para alcanzar una meta tenemos que expandirla. Las metas a largo plazo no se logran esperando que las cosas pasen.
Si amás la vida, no malgastes el tiempo, porque de tiempo se compone la vida. Frase atribuida a Benjamin Franklin
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