El sesgo del reloj
Reflexión de un sábado a la tarde.
Después del reloj, los indicadores y el costo de regenerar, la pregunta se hace más grande:
¿Quién captura el valor de la transición?
Una transformación productiva no ocurre solamente dentro de una empresa. Un suelo genera biomasa, la biomasa se convierte en insumo, y ese insumo puede dar origen a una nueva actividad para una PyME que necesita tecnología, datos, logística, financiamiento y conocimiento.
Pero ese circuito también puede mirarse a otra escala.
Hay países con deuda financiera que también tienen territorio, biodiversidad, capacidad productiva y conocimiento científico. Y, sin embargo, la deuda financiera, la ambiental, la transición productiva y la dependencia tecnológica se miran por separado.
¿Y si empezáramos a mirar las conexiones? ¿Qué podrían negociar juntos los países deudores que individualmente les resulta más difícil, en lugar de competir entre sí por el financiamiento disponible?
Porque hay otro riesgo: que una transición financiada desde afuera reemplace una dependencia por otra, y pasemos de depender de ciertos recursos a depender de quienes controlan las tecnologías para regenerarlos.
Por eso necesitamos salvaguardas nacionales y regionales sobre los recursos genéticos, el conocimiento y los datos. Los consorcios biológicos, por ejemplo con microorganismos que mejoran los cultivos, deberían apoyarse en capacidades científicas regionales:
- Argentina: INTA y CONICET.
- Brasil: EMBRAPA.
- Colombia: AGROSAVIA.
- México: INIFAP.
- Perú y Chile: INIA.
El norte puede aportar capital. El sur tiene que conservar capacidad para gobernar sus recursos, desarrollar conocimiento y participar del valor que generan.
¿Quién desarrolla la tecnología de la transición y quién captura el valor que genera? Si nuestros territorios producen los recursos, pero otros desarrollan la tecnología, controlan los datos y registran la propiedad intelectual, ¿realmente estamos cambiando el modelo? ¿O simplemente estamos cambiando qué exportamos?
Ahí aparece una conexión inesperada: una PyME que cierra un circuito local y un grupo de Países que coordinan sus capacidades, todos y todas hacen, en distinta escala, la misma jugada, gestionar en común un recurso que, separados, pierde valor o poder de negociación. Lo micro y lo macro empiezan a encontrarse.
Y para una PyME el primer paso no es esperar un acuerdo entre países, es coordinar con quienes tiene cerca, proveedores, clientes, municipios, otras PyMEs, y lograr lo que sola no puede.
Quizás la economía circular no sea solamente reutilizar mejor un recurso, sino diseñar regenerando mejor el sistema que conecta recursos, personas, conocimiento y capital.
Una PyME puede empezar cerrando un circuito; un territorio recuperando una capacidad, y un conjunto de Países coordinando aquello que, por separado, siempre pierde valor.
El futuro no está a diez años. Empecemos a construir hoy.
¿Te hizo pensar en tu empresa?
