El sesgo del reloj
Reflexión de un sábado a la tarde, mientras disfruto, sigo pensando. Hasta acá hablamos de tiempo, de indicadores que podíamos agregar.
Ahora pensemos en un productor que descubre que su suelo necesita ser diagnosticado y recuperado, y para eso necesita medir, diagnosticar, decidir, intervenir, monitorear, y mientras eso pasa, hay un costo que casi nunca entra en la conversación financiera: el costo de esperar, menor productividad, capital inmovilizado, incertidumbre.
Simulemos en forma incremental sobre 100 hectáreas, trabajando con supuestos, no con datos de un campo real. No es una proyección ni una promesa de rentabilidad.
Los supuestos podrían ser:
- Inversión inicial del productor: US$3.000, que incluye diagnóstico y monitoreo.
- Tasa de descuento: 10% anual.
- Horizonte: 5 años.
- Ingresos adicionales respecto de seguir produciendo como hoy: venta de los restos orgánicos del campo (lo que técnicamente se llama biomasa), precio diferenciado y otros ingresos asociados; una parte viene de PyMEs de la ciudad que compran.
El resultado nos da un VAN de cerca de US$108.000 y una TIR de más de 600%. Ese 600% no significa que regenerar rinde 600%, la inversión inicial es chica y por eso el porcentaje es enorme.
Ahora sumo una hipótesis, el 19% de esa inversión, unos US$570, sea un aporte no reembolsable, porque hoy una PyME no tiene cómo financiarse con las tasas actuales, un crédito más no acelera nada, sino le suma costo.
Ese aporte casi no mueve el VAN, suma US$570. Lo que pesa es el tiempo.
- Si el mismo proyecto empieza un año después, el VAN baja unos US$9.800.
- Si empieza dos años después, baja unos US$18.700.
El aporte no compra rentabilidad. Compra tiempo. Aunque el 19% solo no alcanza, falta el resto, y saber quién va a comprar.
Ahí entran las PyMEs de la ciudad, que pueden comprar los restos orgánicos del campo, que hoy suelen ser un residuo, y alimentos de origen conocido. ¿Para qué?
- En la construcción: fibras para ladrillos y paneles.
- En la energía: combustible para panaderías y ladrillerías.
- En packaging: envases de fibra vegetal.
- En gastronomía: producto de origen trazable.
- Y también: alimento animal, abonos y sustratos para huertas y viveros.
Y también venden: logística, laboratorios de análisis de suelo, datos y monitoreo, capacitación.
Cada compra y cada servicio es ingreso para otra PyME. Si se comprometen a comprar desde el principio, el productor no arranca a ciegas. Si los bancos, públicos y privados, reconocen parte del costo como gestión de su propio riesgo, deja de ser el único que banca la espera.
- El productor aporta el suelo, el trabajo.
- Los bancos, parte del costo.
- Las PyMEs de la ciudad, la demanda.
Entonces cada uno, desde su lugar, acorta el reloj. Si se espera que otro se mueva primero, el reloj corre igual.
La pregunta ya no es solo: ¿cuánto cuesta regenerar? Sino: ¿qué valor estamos financiando cuando financiamos el tiempo necesario para regenerar?
¿Te hizo pensar en tu empresa?
